Mis raíces
Mi tierra natal Bulgaria está situada en el sureste de Europa, en el lugar donde nacieron los héroes míticos Orfeo y Espartaco. Es la patria del famoso yogur, la increíble rosa damascena ‘trendafil' y el impresionante baile nestinari sobre brasas, de mujeres y hombres descalzos.
Mi tierra, que ha pasado por muchos altibajos durante su larga historia desde el siglo VII, es de los países más antiguos en Europa. Allí se halla Plovdiv, la ciudad más antigua en el viejo continente. El mágico Bosque de Piedra en Varna, el misterioso Caballero de Madara en Shumen y el fenómeno único en Europa de los Siete lagos de la montaña Rila, representan solo una partícula de esta riqueza. Durante su historia de más de 1.300 años, Bulgaria ha sufrido la esclavitud del Imperio Otomano, las guerras mundiales y la pobreza que estalló seguidamente después de la caída del Muro de Berlin.
Me he criado en el régimen comunista, con mucha disciplina y prohibiciones, aunque con unos valores de amor infinito y gran pasión hacia la cultura, la ciencia y el arte, que actualmente se están perdiendo allí. En mis venas corre la mezcla entre los búlgaros antiguos que vinieron de Asia hace siglos y se juntaron en los Balcanes con los eslavos del Sur. Mi genética se determina también por la de los tracios que poblaban estos territorios antes de Cristo, y por la de los bizantinos, entre otras etnias y pueblos en la península Balcánica. Como bien nos definen los científicos, somos un tipo peculiar de eslavos.
He crecido con los cuentos de los valacos, que me contaba mi abuelo materno. Me he criado en la Llanura del Danubio, de donde proviene mi sangre, de este pueblo romanizado antiguamente, llamado ‘valacos'. Sin embargo, mi rebeldía y alto sentido de justicia los debo tener heredados a través de los genes de la madre de mi madre, cuyo tatarabuelo —un hombre rico— llegó al norte de Bulgaria de la región de Macedonia, durante alguna de las guerras precedentes. Por parte paterna, mi bisabuela provenía de una familia rica de la actual capital Sofía, que con la llegada del comunismo había perdido toda la riqueza de sus padres.
En fin, mi alma está acostumbrada a sobrevolar y ascender, además con el corazón de bohemia que late en mi pecho…
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