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Un cuento de HISTORIAS QUE HUELEN A VINAGRE. 99 CUENTOS DE ROSSI VAS

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GRANOS DE ARROZ PARA LOS POBRES El paquete de arroz se desplomó en el recién fregado suelo, y sus granos, finos como unas lágrimas inocentes, se esparcieron por todas partes. La fragilidad de esa instantánea e inesperada caída fue potente como una ola marina de aquellas, que provocan ganas incontrolables de que uno se sumerja en el agua, pero a la vez, imponen un miedo racional frente a las consecuencias. Las baldosas limpias del pasillo brillaban como nuevas, y los reflejos de las caras infantiles en sus rectángulos se movían, distorsionando sus sonrisas de burla. Un escupitajo se quedó pegado en los rizos de Mateo. Él se levantó indeciso y lentamente sacudió de sus pantalones las gotas del friegasuelos y los restos de arroz. Los índices de sus compañeros le estaban apuntando, con una malicia que era poco habitual para sus cabezas, mal peinadas, de diezañeros. Todos eran de su clase, hijos de familias humildes. Para sus padres, el colegio era algo sagrado, un templo de sabidu...

Un cuento dramático corto

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UNA MARIPOSA ATRAPADA Estaba escuchando la lluvia intentando no pensar en nada más que en esa tormenta que definitivamente marcaba el fin de la temporada. Hasta el veranillo, que vendría como para burlarse de él y de sus recuerdos veraniegos. Se alejó de la ventana y suspiró. Alquiló el estudio para complacerla, pero se ve que se equivocó. Volvió a poner el vinilo de Deep Purple que compraron juntos la semana pasada, en aquella tienda musical en la esquina de casa de Lia. Miraba la carátula y sintió el reciente dolor de esa separación tal vez argumentada por parte de ella, pero para él, incomprensible. Miró su frágil cara llena de llagas, en la foto de la mesita de noche donde ella dormía antes, y de repente le entraron ganas de romper el marco. Pero no lo hizo, francamente porque eso no le iba a aliviar el deseo de estar otra vez junto a ella. Se vistió de cualquier manera y salió angustiado a la calle. Sin paraguas y sin chaqueta, llevaba puestos solo los tejanos que ella le...

Un cuento surrealista

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LAS FLORES NAVIDEÑAS DE PEPE Cada mañana se levantaba a las cinco y antes de comerse la ensaimada con un tazón de leche, empezaba a poner en orden el almacén de su hospitalaria floristería, que se hallaba en la esquina de la calle Mayor. Pepe ya era muy anciano para cuidar solo de su negocio, pero desconfiaba de la paciencia que alguien pudiera tener para este trabajo tan fino y caprichoso, así que declinó la generosa oferta de ayuda por parte de sus hijos. Y no le importaba hacerlo todo él mismo, desde la limpieza cotidiana hasta la misma venta, para él era cuestión de orgullo y deber cumplir con sus obligaciones hacia las flores. Su pasión por las plantas era algo realmente increíble. Las amaba, les cantaba y bailaba a su alrededor, incluso los domingos por la tarde, cuando bajaba la persiana de la tienda, cogía su anticuada armónica y tocaba, en su honor, la música más celestial de la cual era capaz. Después de haber perdido a su Marielena abatida por el Alzheimer, en el mundo ...